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ALFREDO AGUILAR. “A mí no me llamaba la atención ser un deportista, siempre me gustó la medicina y sus misterios y eso fue lo que iba descubriendo poco a poco”.

¿Sueño? ¿Destino? Lo cierto es que una travesura de niño -colocarse un frejol en los oídos – marcó su vida y lo enrumbó en la decisión de convertirse en uno de los médicos más prestigiados del país. Descubrir los misterios de la vida, del cuerpo y de la salud lo llevaron de manera firme a desterrar todas las barreras que podían impedírselo.

Alfredo Aguilar

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Hoy el Dr. Alfredo Aguilar Cartagena, médico oncólogo y Director Científico y Académico de Oncosalud Auna es uno de los científicos más dedicados a la investigación del cáncer en nuestro país. Ha sido reconocido en este año con el “VII Premio Identidad Afroperuana”.

Su vida ha sido siempre una apuesta por la excelencia y la constancia. Cree firmemente que la educación es la única garantía que tiene el Pueblo Afroperuano para un futuro digno.

En esta oportunidad nos abre las puertas de su corazón y su memoria, y comparte con nosotros su visión de lo que el Pueblo Afroperuano necesita para salir de la pobreza.

¿Dr. Aguilar podría comentarnos porque Ud. decide estudiar Medicina?
Cuando yo era muy pequeño, como todo niño era muy travieso. Teníamos en el colegio un director que siempre se colocaba algodones en los oídos, no sabíamos por qué. Una tarde quise imitarlo y como yo no tenía algodones, decidí ponerme frejoles que es lo que había en casa. Estuvimos jugando así toda la tarde y al culminar quise retirarlos y el del lado derecho no salió. Como te puedes imaginar eso me trajo un dolor terrible y me quede callado pensando que no pasaba nada, me acosté a dormir y en la madrugada me asomaron dolores terribles.

Mi madre me llevo al hospital Loayza, yo iba con un llanto terrible porque el dolor era insoportable y de allí lo único que recuerdo es que vino un doctor que me colocó una mascarilla, yo aspiré y me quede dormido. Cuando desperté ya no tenía dolor, tenía a toda mi familia a mí alrededor y las religiosas del hospital me acompañaban, todo era felicidad. Eso llamo mucho mi atención, ¿cómo los médicos hacían cosas que te podían aliviar de súbito? Me interesaba cómo los médicos trabajan, cómo lo hacen, me percaté de que había que conocer mucho el funcionamiento del cuerpo humano y efectivamente empecé a mirar, investigar y me di cuenta que el cuerpo humano es una maravilla y que tiene respuestas para todo. Fue así que nació mi interés por la medicina. De pronto llegado el momento decidí ingresar a la universidad para estudiar medicina.

¿Ud. fue el primer médico de la familia?
Sí soy el primero y era el único. En la descendencia de mis hermanos ya hay sobrinos médicos.

¿Podría compartir con nosotros algún recuerdo familiar?
Nuestra familia es numerosa. Somos once hermanos, yo soy el último de los once. Mi padre falleció cuando era muy pequeño, recuerdo muy poco de él, por eso mi madre siempre tuvo que esforzarse mucho por sacarnos adelante. Mi madre era costurera y también cocinaba, con eso podía sostener al hogar. Mis hermanos mayores se fueron formando y entonces con eso ya podían autosostenerse y también ayudar.

Mi infancia ha sido maravillosa pero con limitaciones. Yo tenía que trabajar en las vacaciones de colegio para ayudar también en el hogar. Tenía la suerte de que cerca de casa había un taller de electrónica -a dos o tres cuadras- donde todas las vacaciones me daban trabajo y me pagaban hasta que empezara nuevamente las clases de colegio. De modo que eso lo recuerdo mucho y con grato cariño.

¿Cómo eran las reuniones familiares?
Cuando mi madre aún vivía, las reuniones por el día de la madre, la navidad eran espectaculares. La casa se llenaba de alegría. Venían todos los hermanos con sus familias y era una manifestación de unión.

¿Su madre tenía alguna tradición afroperuana?
Algo en particular, no. Sí que tenía buena sazón y esto lo sabía no porque me lo dijeran, sino porque mis amigos siempre querían venir a casa a almorzar, se sentían bien, pero algo especial, no. Mi padre era albañil, trabajaba mucho, pero una costumbre arraigada a la afrodescendencia en mi casa no había. Por ejemplo nosotros no somos virtuosos del baile, de la música negra, quisiera bailar como bailan los demás, pero no puedo. En casa no se cultivó eso.

¿Existe alguna tradición afrodescendiente que cultivara su familia?
Mi familia es muy católica. Tenemos una hermana religiosa de claustro, que es una de mis hermanas mayores, y a quien yo quiero mucho.

Entre las tradiciones ligadas a mi afrodescendencia puedo mencionar que mi familia era muy católica, mi padre era de la hermandad del Señor de los Milagros, él cargaba en la décima segunda cuadrilla de la hermandad. Eso sí lo recuerdo.

¿Fue muy difícil estudiar Medicina?, ¿Alguna vez se sintió discriminado por ser afrodescendiente?
Honestamente, no. Yo sabía que esto era difícil. Ingresar a San Marcos de hecho era mucho más difícil, pero era la única alternativa que yo tenía. Mi padre ya no estaba, mi madre ya no podía apoyarme, mis hermanos mayores tenían ya sus familias, así que no había nadie que iba a poder ayudarme a solventar mis estudios si yo quería estudiar en otro lado. Sabía que esto era muy complicado y que lo único que tenía que hacer era estudiar mucho y esforzarme al máximo y eso hice.

Cuando ingresé nunca pensé cuando iba a terminar. Estudiamos, estudiamos y cuando menos pensé “señores tienen que titularse y tienen que seguir estos procedimientos…” y así ya se había pasado el tiempo, y el tiempo en aquel entonces era a diez años y eso que tuvimos dos interrupciones largas en el gobierno militar de Velasco Alvarado y después hubo otras recesiones, de manera que también perdimos mucho tiempo.

Como te digo jamás me pregunté cuando voy a terminar, que largo es esto. Yo he disfrutado mi carrera, viví intensamente mi vida universitaria y entendí desde un inicio que yo iba a estudiar con gente de diversos estratos sociales y económicos, pero nunca sentí discriminación.

¿Nunca se sintió discriminado?
Un poco en el trabajo profesional. Yo recuerdo una anécdota que siempre la comparto.

Era el año de 1993, yo ya era médico, era un médico especialista joven, asistente de uno de los mejores oncólogos del país, y cotidianamente debía ir a revisar a los pacientes. Tenía que pasarles visita. Era un día domingo, había asistido a la clínica y cuando estaba a unos metros de distancia del ingreso, me percato que antes de que yo ingresara entra un hombre de tez blanca e ingresa de manera normal, sin embargo cuando yo llego a la entrada el vigilante me pide que me identifique, cortésmente accedo a todos sus requerimientos, sin embargo después le preguntó por qué la diferencia. Nunca me supo explicar, pero bueno después se incomodó bastante, eso por ejemplo si lo recuerdo.

Yo siempre he pensado y lo digo: “Hay estigmas sociales”. Una cosa es un estigma social y otra muy distinta es el racismo y uno tiene que saber diferenciar. Obviamente racismo y estigmas sociales hay por doquier y por todo el mundo, y hay que estar preparados.

¿Cuáles son las armas para desterrar esos estigmas?
Demostrar en el momento oportuno exactamente quién eres tú. En segundo lugar siempre actuar enarbolando los valores, porque uno de los estigmas que se tiene de los afrodescendientes es que están vinculados con actividades ilícitas, delictivas, al margen de la ley, etc.

Yo creo que de manera serena, educada, pero sí efectiva, uno tiene que demostrar que uno no es como ellos están pensando, en el caso que he mencionado fue así. Yo le dejé claro, que era un doctor, le dejé claro que estaba trabajando y le dejé claro que a mí me empleaba un gran doctor y que ningún profesional de su envergadura iba a encargar o recomendar a alguien que no fuera confiable.

Dejando claro y de manera contundente las personas tienen que ir entendiendo que no se puede generalizar.

¿Considera Ud. que su mejor apuesta fue lo educativo?
Por supuesto que sí, sin que ser un buen deportista sea malo, sin que ser un buen artista sea malo. En líneas generales pienso que lo que uno tiene que hacer tiene que hacerlo bien y desarrollarlo al máximo, dar todo lo mejor de uno.

Yo jugaba muchísimo fútbol cuando era niño. Jugábamos en la mañana, tarde y noche, como comer y me encantaba la pelota, pero siempre quería estudiar y no imaginé jamás al deporte como un medio de vida, para mí siempre fue un complemento. Fue una diversión. Jamás se me ocurrió pensar que yo podía vivir del deporte, y eso que tenía en mi entorno buenos ejemplos: César Cueto, Fernando Mellan, habían buenos ejemplos felizmente.

A mí no me llamaba la atención ser un deportista, siempre me gustó la medicina y sus misterios y eso fue lo que iba descubriendo poco a poco.

¿Algún referente en el campo de la medicina?
Sí. Cuando ingrese a la Universidad encontré un referente afro, el doctor Fernando Iglesias, natural de Cañete como mi padre, era traumatólogo. Lo conocí cuando como alumno asistí a escuchar una clase sobre traumatología en el hospital de la FAP (Fuerza Aérea del Perú). Quien dio la clase fue el doctor, te imaginas que cuando yo lo vi era lo máximo, encontré un referente.

¿Cómo médico qué opina sobre las enfermedades recurrentes en los afrodescendientes?
Con la hipertensión, sí hay algo. Las otras enfermedades y desordenes degenerativos están muy ligados a los estilos de vida no saludables. Un estilo de vida no saludable, es aquel que no hace ejercicios de manera regular, en la dieta hay escasas frutas y verduras, se practica el sedentarismo, se tiene sobrepreso, se consume alcohol y tabaco, etc. Por el contrario un estilo de vida saludable te va a proteger.

Lógicamente que algún grupo étnico puede tener un pronóstico más ominoso frente a una condición que otro grupo étnico, por ejemplo la hipertensión arterial es mucho más refractaria a los medicamentos, es mucho más difícil, y obviamente trae muchas más complicaciones. Pasa igual con el cáncer de próstata en el grupo étnico de los afrodescendientes, los casos de cáncer de próstata van peor que en los de raza blanca.

¿A propósito del reconocimiento “Premio Identidad Afroperuana” que sentimientos le provocan?
En principio la iniciativa es buena, pero siempre pido no juzgar las situaciones. Destaco siempre que las oportunidades existen para todos. Yo postulé a la Universidad de San Marcos, éramos un montón de postulantes para un poquito de vacantes y que era lo que tenía que hacer, pues era estudiar mucho y eso hice y eso lo podemos hacer todos.

Las oportunidades están allí para todos y lo que tenemos que hacer es desarrollar nuestras capacidades al máximo, siempre y cuando no nos dejemos torcer. Todos nacemos bien y no debemos de desprendernos de los valores. En ese sentido es necesario hacerles notar a los jóvenes que hay que ir a buscar esas oportunidades, de ser doctores, de ser ingenieros. Las oportunidades no nos van a tocar la puerta, hay que buscarlas, y enfrentar los retos. Y lo que hay que hacer hay que hacerlo en grande.

¿Ud. cómo se define étnicamente?
Yo me considero afrodescendiente. Me siento orgulloso de mi afrodescendencia. Cuando uno llega a conocer el cuerpo humano te das cuenta que es una maravilla, una máquina perfecta y tú sabes que es igual en todas las razas, no hay diferencias.

¿Dr. Aguilar podría compartir con nosotros un mensaje para el Pueblo Afroperuano?
Me gustaría que los niños afroperuanos lleguen a ser referentes en todo lo que se propongan. Que lo hagan con mucha fe, que salgan a buscar sus oportunidades de vida y que cuando lo hagan, lo hagan enarbolando los valores, y que nunca se desvíen de sus verdaderos objetivos, todo lo demás va a caer por su propio peso.

No hay nada fácil, todo cuesta muchísimo esfuerzo. Si de algo sirve mi ejemplo, yo estudié más de diez años, pasé muchas malas noches y en esta carrera hay muchos sacrificios pero al final uno encuentra lo que está buscando y es feliz.

Para conocer un poco más del Dr. Aguilar, Ud. puede revisar: https://www.linkedin.com/pub/alfredo-aguilar-cartagena/16/661/a78

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