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Canibalismo, barbarie y humor estereotipado. A propósito de la publicidad racista de KFC

Por: Juan Manuel Olaya Rocha – LUNDUKFC

Hace unos días, la cadena de comida rápida Kentucky Fried Chicken, a través de su cuenta de Facebook, publicó una imagen seudo-publicitaria cargada de humor racista que generó una efímera polémica en las redes sociales. En ella se observa un diálogo entre una persona afrodescendiente –representada como caníbal– y una pierna de pollo frita –víctima de este–. Los comentarios de los usuarios no se hicieron esperar; ante esto, la cuenta decidió retirar la imagen como si no hubiera pasado nada, aunque logró ser capturada junto con los comentarios que motivó. Definitivamente, este hecho execrable presenta varias particularidades que merecen ser analizadas, lejos de la mera descripción que se ha venido haciendo.

En primer lugar, es necesario resaltar la importancia de la imagen de fondo que acompaña el diálogo de los personajes. Más allá de ser un testigo silencioso, el verdor de las plantas es empleado intencionalmente para cumplir un rol fundamental: remitirnos a la naturaleza, a la selva, a lo salvaje. Esta no es sino una estrategia (de origen colonial) utilizada frecuentemente para “bestializar” a los afrodescendientes a través de su relación con la naturaleza, situación que refuerza la idea de “salvajismo”, “barbarie” (instinto) y ausencia de “civilización” (razón).

En segundo lugar, el lenguaje verbal-escrito es otro componente que lleva consigo una carga racial explícita. Para ello, la publicidad juega con la ambigüedad y explota el carácter lúdico del lenguaje. En el diálogo, la persona afrodescendiente le dice “Te amo” y la pierna le responde “¡Qué lindo!”; luego, para concretar el efecto racista del enunciado, el “caníbal” le responde: “¡Te amo a comé!”. Al respecto, extraemos dos ideas: por un lado, el estereotipo del afrodescendiente “caníbal” se ha utilizado con frecuencia para inferiorizarlo hasta el grado de salvaje y bárbaro (a su vez, justificar el proyecto civilizador del pensamiento occidental), acorde con el ambiente natural en el que se encuentra; por otro lado, al utilizar el verbo “ir” en la primera persona del plural (te vamos a comer), se deduce que hay más afrodescendientes que no aparecen en la imagen, pero que a la vez están ahí. Esta presencia ausente nos lleva a postular que el ambiente de naturaleza es el hábitat propio de los afrodescendientes ¿Y la “pierna de pollo”? Ella, por contraste, pertenece al mundo civilizado, simbolizado por KFC. Es decir, la civilización es víctima de la barbarie africana. Por si fuera poco, se observa el contraste entre el lenguaje oral-popular del afrodescendiente frente al lenguaje culto de la pierna. Esto no conlleva nada de malo en sí mismo, pero si se utiliza adrede para establecer jerarquías entre uno y otro, bajo un criterio étnico-racial, sí es preocupante.

En tercer lugar, el hecho de representar al afrodescendiente con un hueso en la cabeza, evidencia nuevamente el afán de “primitivizarlo”. Esto trae a colación a muchos pueblos africanos, cuyos individuos utilizan ornamentos con un significado simbólico para ellos/ellas, pues forman parte de sus costumbres ancestrales y su visión del mundo. Sin embargo, aquí son empleados como signos propios de la vida salvaje que desemboca en el humor.

En cuarto lugar, los comentarios del facebook son muy significativos. Ante las inquietudes y reclamos de los usuarios, la cuenta de KFC no dudó en burlarse mediante comentarios como “ser caníbal, soubrinuo”. Esto dejó entrever la indiferencia de parte de KFC ante a esta situación racista. Además, utilizaron el vocativo “sobrino” en cada uno de sus comentarios, término ligado a la idea de familia extendida que se maneja dentro del imaginario afroperuano. En este caso, utilizada para la mera diversión estereotipada.

Esta publicidad, sin duda, apela al humor racista para promocionar sus productos comestibles. La idea del afrodescendiente en un estado salvaje, practicando el canibalismo y empleando un lenguaje alejado de la norma culta, son estrategias históricas que han servido para limitar su capacidad de autosuficiencia. Bajo esta premisa, estaba justificado el dominio que recayó sobre ellos durante siglos y provocó millones de muertes, maquillada bajo la noble causa civilizadora. Publicidades como esta, en pleno siglo XXI, nos recuerdan constantemente que aún vivimos bajo un colonialismo mental que reproduce estereotipos, jerarquías y racismo, aunque reactualizadas a nuevos contextos, con piernas fritas que hablan, con plataformas virtuales, con la desmesura constante de empresas transnacionales, con muchos likes (o me gusta) o, simplemente, con tu sonrisa desde el otro lado de la pantalla.

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